No es posible que a nuestro paÃs, España aún para algunos, se le tome más a cachondeo de lo que ahora se le toma. Si el cachondeo fuese una unidad de medida, pongamos una divisa cotizada, hacia Zapatilandia se dirigirÃan todas las burlas, mofas y befas de este mundo. Esas unidades de cuento, que no de cuenta, se mostrarÃan siempre dispuestas a refugiarse aquÃ, como si de una fuga de capitales se tratase, al constarle a sus traficantes que iban a ser bien acogidos en este territorio. Al genuino estilo de la Suiza plagada de bancos, importantes partidas de escarnio y ludibrio pasarÃan a engrosar nuestras cámaras acorazadas. Con una diferencia, los helvéticos son proclives a las cuentas numeradas y secretas, mientras que los hispanos, mayormente en su variedad zapaterina, somos aficionados a divulgarlo todo. Y lo que no se sabe "per se", se filtra "per que sÃ".
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categoría: polÃtica




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